Universo en César

Las influencias deben venir de la vida, tengo que beber de todo lo que ella ofrece, incluyendo muerte, decadencia, tiempo. Se exige recibir todas las voces que llegan, todas las miradas, y reciclarlas, redefinirlas a mi antojo, para sacar a relucir el mundo interior.

Todo se encuentra entrelazado, a partir de uniones simples o complejas se forma el universo, y el mío, por el capricho de las querencias, las cuales no se a qué se deben, de dónde vienen o a quien pertenecen, tienden al individualismo, a la superficie torturada, al cruce de caminos, de formas, de detalles, de gentes, de miradas.

Observo el crecimiento de los árboles, de las plantas, la suma que desde la raíz forma delicadezas sublimes, gigantes de aspecto poderoso cuyo único movimiento perceptible es pendular.

La huida del viento o la persecución  interrumpida tras su empuje hace que se creen remolinos, que las nubes vayan, que se desgasten las siluetas o que aparezcan pátinas complejas, musgos verdes si han bebido, atmósferas emborronadas, pelos enredados.

No solo del agua bebe la vida, mi obra necesita el agua, necesita su fluido al fluir y su esqueleto, sus distintos estados, su rastro cuando marcha,  su ayuda, su pincel.

Quizás sea un camino intermedio entre la escultura y la pintura. Será escultura pintada o pintura escultórica. Superposiciones de materias que aporta la naturaleza o el hombre, en cualquier caso excusas para buscar la forma de comunicar mis sentimientos.

Todo se centra en la observación, en los detalles, en las patinas del tiempo, en el aroma de los años. En mis cuadros es necesaria la horizontalidad, la creación mas explosiva o la lentitud extrema. Me gusta no respetar los tiempos de secado, me atraen las grietas, la ayuda del azar, la descarnada inexactitud de los errores buscados, deseados. Los desconchones, la masa sobrante se ira, como se va la virginidad de todo aquello que vive lo suficiente o que utiliza la vida como un fin para adquirir conocimientos, y para aprender probablemente mas de los errores que de los aciertos. El tronco de un árbol viejo es un mundo de vivencias, de violaciones continuas a lo largo del tiempo de una corteza que, en algunos casos, desaparece. Las diferencias entre la capa del norte o la que da al sur, la actuación del viento, del frío, del agua, el ataque de animales, el roce de la piel de las vacas que crea una superficie lisa y satinada, o la actuación de los agentes químicos de los orines, o de un fuego momentáneo, o el pico de algún pájaro, o la imprudencia o inconsciencia de un hombre.

El desgaste de una piedra caliza dejándose descomponer en capas, creando arena, o el de un granito haciendo de su superficie una masa irregular de cuarzo, mica y feldespato en retirada, disgregándose lentamente, o al contrario, una superficie lisa, desgastada por el viento, por  el agua, por la piel.

Busco una obra personal, íntima, con todas las dudas que me acompañan, con todas las personalidades que me forman, con los distintos estados de ánimo que me invaden, completamente unida a los rastros del tiempo, a las cicatrices de la existencia, a los errores que sumados crean formas acertadas, a los golpes de la vida y a los momentos bellos, a esos escasos momentos en donde todo adquiere un sentido y nos damos cuenta de que a veces la vida baja la presión y nos arrulla. No pretendo una obra fácil ni sencilla de ver, no busco lo que hay, prefiero con lo que hay buscar.

La trayectoria debe ser multidisciplinar o no, quizás con el correr del tiempo se deban ir borrando las fronteras, probablemente tenga que llegar el día en el que la  conclusión dependa mas de si misma no solo en cuanto a la esencia si no también en cuanto a la forma, que de las conclusiones del pasado o de los que pasaron.

La observación, la investigación, la representación en clave artística de los actos  de la naturaleza. Visión cenital de los arroyos, de una tierra arada, de un viñedo, de la mar encabronada, o por que no  de un atasco de coches o de una manifestación; la visión de un mirón desde google maps o de alguien entre la espesura de un árbol o una mirada al manikarnika o a un gran bazar con tiendas de telas entramadas o a una gran orgía humana o a un hormiguero o a una gran huida de animales, o la mirada tras una batalla épica, o la sal…

Pero la idea no será más que un sueño o una ilusión si al plasmarlo no consigo sentir aquello que me hizo sentir, debo escarbar en la visión de aquello que inspiro mis pasos, y sobre todo si no impongo mi personalidad en mi trabajo no habré hecho nada. Los lienzos necesitan contener el aroma de aquello que busco representar, debo ir mucho mas lejos que la representación visual, debo intentar recrear las sensaciones que brinda el paso del tiempo o los sucesos que forjan una vida vistos desde mi entendimiento, según  llegan a mi, según el poso que en mi ha quedado tras el paso de los días. No me interesa recoger una imagen o un paisaje, me interesa mi visión particular, son mas interesantes las sensaciones que los hechos. Busco atmósferas, luz y color, pero un color torturado, maltratado, las tierras de colores y arcillosas deben ser las que manden, si se incluye la lona de una tienda de un bazar me atrae aquella lona con años, con lluvia, con roturas, con mierda, una escalera desgastada, satinada por el paso de pisadas, un patio disfrutado,…

Excusas para buscarme entre los pliegues de las horas, hilos tendidos a los que agarrarse para intentar atravesar desde el mundo terrenal al mundo de las hadas. No vale tener los pies sobre la tierra, no es buena la cordura, ni la lógica, ni la razón, ni el respeto, no es sana la admiración, la observación debe mantener una actitud egoísta, absolutamente personal, totalmente irreverente.

Muchas de las situaciones cromáticas a las que nos enfrentamos son caprichosas, azarosas; al pasar por los Ancares se extiende ante nuestros ojos un lienzo infinito que varia a cada minuto. Cada estación del año te enfrentas a unas experiencias visuales diferentes, y todo este irrefrenable escándalo de creatividad lo lanza a nuestros sentidos la temperatura, la altitud, el viento, el agua o su falta, la luz, un sol en majestad o las miles de formas de las nubes con su espesor, su tamaño o su transcurso. Se trata del azar, un azar controlado o incontrolable, pero al final el discurso de la naturaleza se basa en el caos dentro de la lógica mas aplastante.