Tramatismo

El TRAMATISMO es lo que hubo para permitir que haya lo que hay. El TRAMATISMO es lo que queda  o lo que va quedando.

Obra a  voces o quizás la obsesiva  composición  de la naturaleza, o los lazos etéreos que se mantienen suspendidos, invisibles, o el rastro de las horas o su resto, o las estelas del alma, o el crecimiento lento, trama voluntariosa, evolutiva, decisiva, continua, que de las formas, de los momentos, o de un instante, se destila alrededor de la mirada para que ésta vaya descifrando, amarradita al pensamiento, aquello que quedó detenido entre lo que hay y lo que hubo.

También las sombras imaginan un mundo diferente, hacen circunstanciales los volúmenes o enredan entre la maleza mientras trepan por los discretos árboles a la vez que son jaleadas por las hojas. No creo en los discursos, ni siquiera en las intenciones, me vale con la observación y los restos, con las cenizas suspendidas, tramas de la vida, cenizas que continuamente se empeñan en dar a conocer su procedencia, polvo despreciado que sobre los detalles tararea las partituras de todas nuestras horas o de todas las horas.

Silban los movimientos trazados sobre el aire creando escenas, obras controladas o incontrolables que mezcladas con colores, sombras y licencias, abruman entre la estructura y el detalle con la intención de apartar de un manotazo lo obvio, y con la misma mano disipar lo accesorio, para introducirnos soplando en aquellos lugares a los que solo se atreve a entrar la osadía de los desconcertados. El no dar nada por hecho, por conseguido, por cierto, la dramática lucha de una existencia encaminada a no dar por válido ni la mirada de unos ojos grises, es la razón obsesiva de todas las búsquedas estériles, que ni siquiera buscaran las caricias del entendimiento para poderse sentir recompensadas.

La singladura de la obra va enseñando el alma, no pretende explicarse, se postula sujeta a su independencia, y anida caprichosa sobre la exquisita anarquía de una tierra arada, sobre el caos de la putrefacción en una estructura muscular, sobre la batalla de la luz frente a las sombras en un bosque amaneciendo, sobre las estelas de los aviones disgregadas por el viento, sobre una mano que pretende rivalizar con estructuras musicales, sobre la corteza retorcida de un olivo centenario, o sobre las grietas de los lienzos, de las rocas, de las mentes de los hombres, o sobre la trama lanzada por el vuelo de una mosca, o sobre las elucubraciones de la insatisfacción decididas eternamente a escribir sus tramos impalpables, por aquello de dar textura al lienzo de la imaginación.

Nos forman las superposiciones, los errores. Todo lo que ha vivido es un amasijo de formas acertadas, equivocadas, es una silueta cuyos detalles se advierten tras una observación prudente en la cual, va acariciando o dando patadas la mirada.

Todo se afianza al ir creciendo en contenidos, en colores, en sombras, en pátinas, y los pensamientos o la mas absoluta inconsciencia pueden producir obras de arte fascinantes, quizás tras la experiencia sea buena la pérdida de voluntad, quizás tras mayo sea necesario un sol en majestad que enseñe a la belleza de las flores su necesaria levedad para así dar sentido a la efímera delicadeza y quizás sea necesaria la catástasis para recordar a la existencia que todas las situaciones, acertadas o no, que llevan a una conclusión determinada, dependen de un instante para dejar de serlo.

Excluyendo la intervención del hombre, un gran árbol es como es, gracias a su especie, a su genética, y a la azarosa coincidencia de hechos tales como un suelo determinado, un clima determinado, un tiempo determinado. En mi caso mi estructura mental, mi “genética” sensorial es la que determina mi inclinación a un tipo de creación artística u otro. Con el paso de los años, tras mis influencias, mis viajes, mis horas de pensamiento y trabajo, mis vivencias o mis locuras, reproduzco en mis obras la mixtura que surge de mi legado ancestral y mi bagaje vivencial, en realidad voy tramando un tejido pictórico o escultórico, cuya razón de ser es tan misteriosa como aquellos detalles imperceptibles, que sin saber por que, realizamos en un acto reflejo para evitar caer de la razón de la cordura o del error de la misma, a la destructiva pero eficaz fuerza de la pérdida de la razón y el ingreso despojado del aventurero que podemos llegar a ser, tras las alambradas que lo protegen de si mismo.