Observaciones y estructuras impalpables

Lo que ayer me era válido, me hacía pleno, hoy me es escaso, insuficiente, no me llena. Se trata de una observación evolutiva, se mastica durante largo tiempo aquello creado hasta alcanzar conclusiones, y de ésta forma avanzar en la estrategia artística. Según se adquieren conocimientos y se suman vivencias, se adquieren y se suman capacidades de observación. El ojo se dilata y la mente animada por su esencia comienza a ver y a entender cosas que antes pasaban inadvertidas.

Mis largos años atendiendo a la estructura de las patinas cerámicas me exige mantener calidades impalpables que una observación lejana de mi obra pictórica se pierde.

Siempre e intentado atender a la creación desde un lugar desértico, equidistante entre el mundo de las ideas de otros y el de las influencias del resto. Tanto tiempo para realizar algo interesante ha sido necesario. Todo el tiempo se ha invertido en desechar la obviedad. El tiempo ha pasado en una observación interna, y en la creencia de que, como ser individual al pairo de influencias estéticas o artísticas, la única manera de poder mirarme a la cara es ver obras que nacen en mi mundo interior, necesito ser honrado conmigo mismo, y antes que beber de otros conscientemente prefiero tener sed.

Lógicamente todos formamos parte de este mundo globalizado, unos más y otros menos. Yo me encuentro entre éstos últimos, pero sé que las influencias están y cumplen su función. Aceptadas éstas saco a pasear mis instintos, tras haber amasado pensamientos, observaciones y técnica suficiente para dejar atrás los cantos de sirena. Y escuchando como no podría ser de otra manera, me hago el sordo y echo a andar en solitario.

Concibo la creación como una lucha encarnizada contra uno mismo. No me interesa mucho más, ya que a la hora de enfrentarme a un lienzo en blanco o a una escultura, tiro de lo que tengo a mano, de mis entrañas.

Cada vez me atrae menos la diaria apariencia, mientras algunos se empeñan en intentar  plasmar a su manera situaciones o estados que les ofrece la vida, yo rebusco entre la mierda, entre las deposiciones de mi mente, o me escondo tras las ideas que lancé, por ver si con el tiempo han brotado y crecen en el complejo terreno sobre el que se asientan las vicisitudes. La exigencia de un artista es la de serlo, y la intelectualidad debe escapar de la polvareda que levanta la sociedad influenciada. Un creador no necesita saberlo todo, un creador necesita, tirando de su inteligencia, tener la claridad suficiente para entrever, para entresacar los datos necesarios que ayuden a una extensión de su percepción en el mundo plástico, en pocas palabras, se trataría de atender a la pureza individual, a la ortodoxia, a la absoluta libertad creativa enmarcada en el mundo interior, libertad para alentar la personalidad y la capacidad de cuestionarse todas aquellas cosas que el tiempo o los “creyentes” dan por incuestionable.

Mi intención es que mi obra me transmita, que dé mi visión, y para ello me dejo llevar, intentando dentro de lo posible buscar un aroma que me defina. Ese aroma se va despejando cada día con los diversos estados de la mente, y  las horas trabajadas se encargan de hacer visibles las ideas, manteniendo la dirección que debe enseñar la esencia de las cavilaciones.

Las estructuras impalpables son como hilos que conectan nuestros actos primitivos. Cuando observamos a una distancia suficiente para ver, pero insuficiente para conocer, podemos ser capaces de saber de que o de quien se trata gracias a detalles que nos acompañan al caminar, al escribir, al pintar, al esculpir, al tocar, al componer, al correr, en definitiva al ser, y estos detalles son ancestrales, primitivos. Aquí es dónde me sitúo a la hora de crear, tiro de las entrañas y me dejo llevar por el legado de la ancestralidad. Es muy interesante entregar parte de la creación al azar, un azar escasamente azaroso, un azar adulterado por la observación y por el conocimiento, pero azar al fin y al cabo o inspiración o pudieran llamarse musas o la suerte del que la busca. Inevitablemente existen tácticas que cada uno utiliza a su entender para enfrentarse a un proceso creativo. Partes de un puerto, pero la navegación, la deriva, la trayectoria, y por supuesto el desenlace, forman parte del misterio creativo, por eso para crear no me interesa el GPS, prefiero el Astrolabio, y para ser yo prefiero  sentirme presa del pánico o de la felicidad efímera gracias a un hallazgo inesperado, antes que formar parte de esas filas en las que solo se escuchan los balidos. Pondremos el empeño en descubrir tierras nuevas y playas sin pisadas, y continuar rodeado de pensamientos propios sobre éste mundo raro, y saber que aciertos y errores se suceden por que estoy vivo, por que busco y por que se dudar.