Urbi et orbi (Julio 2007)


Quien tire la toalla que la utilice para ahorcarse.

No estamos muy seguros de qué se trata, pero en el caso del hombre, del hombre como especie, la posibilidad de que tras el humo vuelva a aparecer un fuego intenso es una realidad indiscutible. Se trata de buscar incentivos, de fijarse un objetivo y lanzarse a por el; se trata de levantar la cabeza y luchar por lo que nos vale.

Me gusta la lucha, me gusta estar vivo, levantarme con la seguridad de que hoy tengo otra oportunidad para cambiar las cosas. Desde los pozos siempre se ve el cielo, una luz a lo lejos; al final del túnel siempre hay espacios diáfanos en los que sopla una brisa lenta.

Nos alimentamos a hostias, ellas nos hacen más fuertes, nos dan pátinas sobre las que van resbalando las hostias nuevas. Unos se quejan, otros continúan. Unos se caen, se tiran, se dejan, otros se levantan, empujan, luchan. Me quedo con la sensación de intentarlo, con el orgullo de saber que estoy anclado a mi estructura y que los días más nublados son el preámbulo de experiencias soleadas. Se van los clítoris y vienen otros para seguir frotando.

La razón la otorga la inteligencia. La vida es el viaje más espectacular que podemos hacer. Se trata de desiertos, de mares profundos, de montañas en las cuales la cota de ocho mil se pasa a los diez años. No sabemos dónde vamos, ni falta que nos hace. Aquí lo importante es saber que estamos y hacia dónde queremos ir; entender las trabas, continuar, confiar en uno mismo. La realidad se encierra en el hombre como ser individual lo cual no está reñido con la socialización, con la suma de fuerzas para alcanzar objetivos comunes, una vez logrado el objetivo se vuelve a la individualidad. La única certeza es que estarás siempre en ti, la confianza será la que te devuelva tu espejo, tu palabra la que salga de tu boca, tu pensamiento el que sostengas, tu Dios tu reflejo en el agua.

El maratón no acaba tras la meta, la meta es la zancada, el don lo practican los fuertes, los inteligentes. La pared está y si es necesario se la rodea, se trepa, se derriba. Tenemos lo que merecemos y desde las sillas también se puede ver el mar. Urbi et orbi.

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