Palabras desde arriba (Abril 2007)


Hoy me he levantado y mi cuerpo se ha quedado entre las sabanas. Hoy soy espíritu que sobrevuela las montañas. He decidido ser  etéreo, y ya que llueve y que se mojan los que van, añado a mi sensación de ser aire, la de añorar la humedad entre las piernas. Miro hacia abajo, los arboles son planos, verdes. Las casas tienen  tejas naranjas y los pájaros son nubes negras, cazas de motor orgánico que huyen de la tierra y merodean. Los jardines están para tumbarse y los pantanos para conocerse. Aquí esta el silencio. Cómo los águilas vuelo solo, mi envergadura no alcanza los dos metros pero creo sombras de fina estampa y me paro en la vertical de espacios  conocidos. Veo como sales de casa, bajas las escaleras, pones el coche en marcha y te diriges. La paz es necesaria, la literatura interna crea prosas que sobre el cielo producen cúmulos de nieve y según van cayendo  hacen con la  blancura poesía. Y los perros… , desde aquí  parecen pájaros sin alas, no son capaces de escapar del maltrato común, pisan las aceras y ven pasar las piernas, luchan por la supervivencia en un mundo que no mira hacia abajo. Yo sé sentir, y desde aquí arriba las prisas son más lentas. Giro tres centímetros y recorro tres mil metros, me río de la aceleración y de lo pequeñitos que son  los cuerpos. Sin embargo, los días se suceden y permiten el olvido, y cuando el viento mece a las hierbas más pequeñas, esas que desde aquí no se divisan, rozo con la mirada las calles que nos vieron pasar para que no se sientan tristes.

Ir al principio de la página Volver al índice del Expurgatorio