Mira que bien (Abril 2008)


Hoy pienso en Shwedagon, en la escalera de acceso, en mis botas verdes, en su melena rubia, en la mesa de madera, en el árbol de Bhuda, en aquel sol pintando la pagoda, en aquel monje. Hoy todo es claro, y por primera vez en éste año me coloco mis pantalones cortos. No es el calor húmedo de Yangun, y al mirar por el jardín no encuentro túnicas naranjas, solo un perro mojado por la humedad de la hierba, un arce con un verde distinto al de mis botas verdes, y un olivo que al verde de mis botas le dio su nombre. Hoy sé que ha empezado el momento mas bello del año por mis tierras, y aunque recuerdo a Shwedagon, y su escalera de acceso, y mis botas verdes, y su melena rubia, y la mesa de madera, y el árbol de Bhuda, éste sol pintando los lienzos de mi casa recubre de naranja mis momentos, y añoro menos las túnicas naranjas; mis campos ya están coloreados, han regresado los que portan plumas, y mientras, sigo rebuscando en éste fondo de armario que propone la memoria, estancias diversas, puertas que una vez abiertas me transportan, me hacen comprender. Hoy todo es tan claro, tan bello, tan luminoso, que no pienso parar de sonreír, que ya casi no importan las pérdidas, ni la mediocridad de los días sin magia. Hoy me lío un  cigarrillo de manitu anaranjado, abro una cervecita fresca, miro a lo lejos, me miro, vuelvo a ver pasar estelas que se suponen llevan gente a diez mil metros, soy uno mas, pero aquí, en éste rincón perdido de Castilla, la verticalidad y la transparencia se hayan a la par del trino de los pájaros, sigo con la sonrisa interna, echo a volar y no me paro entre los tristes, que se jodan.

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