Mestas contemporaneas (Marzo 2010)


La silueta de un keniano se deja ver por la superficie de la tierra. Días de cambio, revolución de carácter negroide entre las altas cumbres. Hilos de aspecto aligerado, que suspendidos como banderines de rezo tibetano, lanzan frases con tres palabras, “yes, we can”.  La fuerza del marketing y la novedosa estampa de un hombre ha dado al mundo una nueva oportunidad para equivocarse. Los necios siguen pensando que las frases bien temperadas y las estructuras distintas a las habituales son capaces de derribar lo establecido entre los muros del capitalismo. Ahora, “consumatum est”, todo volverá a brillar, la economía se levantará, se acabarán las guerras, desaparecerá el hambre en el mundo y las tremendas desigualdades, se dejará atrás el miedo a la tercera gran guerra, y en los suburbios, entre las cajas de cartón, los derrotados de la civilización cubrirán sus cartones con telas de colores, dispondrán de conexión wi fi y de calefacción central.

Recuerdo la profecía del Papa negro y pienso en la posible similitud de éste líder mediático con la de un líder espiritual. Al actual presidente de los estados unidos del norte no le quedaría nada mal la vestimenta del mandatario de la santa sede. Lanzo al universo el posible cumplimiento de una profecía, lanzo la duda disuelta entre certezas de que el regreso a las cavernas puede estar muy cerca; de igual modo lanzo el recurso de la individualidad y mi ración de libertad, que encabronada, se sincera ante ustedes con la esperanza de que alguno empiece a pensar por si mismo y se aparte de la influencia de los Mass media.

Yes we can, y podríamos hacer saltar la banca y cambiar el sentido de las agujas al reloj. He dispuesto mis relojes hacia abajo y reconozco que cada vez me jode mas el uso de las tildes y de la ortografía por no hablar de la sinonimia. Entre éste rebaño que cada día huele peor he decidido ser la periferia y si los lobos llegan a la noche me dejaré morder entre gritos esporádicos. Ahora el pastor es un negro que se ha aliado con tres cabras negras y un perro cabrón de pelo negro que no distingue a su raza de las otras cuando el hambre aprieta. Si, podemos seguir discurriendo por las cañadas frías de la sierra o dejarnos comer, yo ya voy teniendo la carne dura, esperaré con las pelotas bien guardadas en mi mano derecha a que me coman.

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