La mueca horizontal (Enero 2008)


Los momentos llegan. Con la travesía nos vamos recubriendo de capas al mismo tiempo que soltamos otras, mudamos. Lo que con los días vas haciendo o estas dispuesto a hacer, es algo que muy probablemente nunca hubieses imaginado. Me interesa encontrar por el camino los espacios ocupados por cada uno, espacios en los que te sitúa la vida, espacios en los que te introducen los miedos, y la falta de capacidad o de fuerza, y por que no, también la carencia de suerte, de estrella. Al cabo, las mentiras, los deseos, las ilusiones, las apariencias, quedan al descubierto por la implacable realidad. Vamos cayendo por decantación, ocupamos los puestos para los que somos capaces. Ni el arbitro, ni hostias, al final o incluso en medio de la vida solemos estar donde debemos. No pienso escudarme nunca en nada que no sea yo, y me parecen despreciables aquellos que se escudan en tránsitos ajenos.

No es el humo, es la capacidad de arder, es una cuestión de observación, de expurgar. Son momentos dispuestos en hilera que nos delatan. La situación final es la correcta. Las decisiones son continuas y muchas veces no somos conscientes, de que ese día en

apariencia vulgar, día en el cual nos decidimos, nos puede hacer caer tres casillas mas lejos, o incluso atraer hacia nosotros unas consecuencias  solapadas, un conjunto de errores o aciertos de los cuales nos será muy arduo escapar. En cualquier caso el engaño hacia el común es algo genético, e incluso necesario, lo importante es no engañarse a uno mismo. La finalidad es adquirir una soledad sin lágrimas, sin la desesperación que da la realidad desnuda cuando ésta nos hace avergonzarnos de nosotros mismos.

Miremos a los ojos de la gente, posemos la vista en la periferia de sus párpados, en las arrugas del entorno, en la posición de la mirada cuando calla, cuando se escucha, cuando se escarba. Dónde están los ojos de los veinte años, la fuerza de la ilusión, esa irreverente necesidad de encontrar sueños, de alcanzarlos con el cuerpo en majestad y la esperanza entre las manos. La mirada es el poso del paso del tiempo, y su engaño es estéril. Aquí se encierran las hoces esculpidas por el agua salada, los diversos blancos tintados por excesos, la luz que somos capaces de emitir. No miente la mirada, no sabe, no lo necesita, es mas, no sería prudente. Una de las escenas mas sórdidas que nos podemos encontrar es un rostro sonriendo al que sus ojos no acompañan. La sonrisa de una muñeca devastada por la vida, que dispone de la boca en parábola, y la mueca, tras la que se ve el alma, horizontal. La excelencia se haya en ojos juveniles rodeados por el conocimiento y la experiencia de los años, esos ojos que mantienen la fuerza, que sujetan la tristeza y que buscan los sueños, que continúan buscando sueños con la seguridad de que tras la niebla, están y se mantienen, los mundos que hemos buscado desde niños. Adiós a las derrotas, saludemos con  optimismo terrenal los días venideros y tengamos cuidado con los ojos, nos delatan.

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